La crisis actual y Matrix
By Darth Vicious
A nadie le cabe duda que en el año 2008 comenzó una de las más grandes y graves crisis de nuestro tiempo. Lo que empezó como un castillo de naipes que se desplomaba a causa de las llamadas hipotecas basura, ha acabado convertido en un tsunami cuyas consecuencias todavía no alcanzamos a ver.
¿Dónde entra Matrix en toda esta historia? Las concomitancias entre lo que ha venido ocurriendo en el mundo en los últimos tiempos y la parábola de la película de los hermanos Wachowski son unas cuantas.
En Matrix nos encontrábamos con una sociedad irreal con aspecto de muy real, en la que millones y millones de humanos vivían y morían, dentro de una ilusión de la que no acababan de despertar. La mayoría, por no decir la práctica totalidad de ellos, ignoraban siquiera que se encontraban en una realidad falsa, y sólo unos pocos eran capaces de darse cuenta de que había otro mundo, un mundo más real.
Todos aquellos que vivían dentro de Matrix tenían vidas tan auténticas como pueden ser las nuestras en nuestro mundo, y en la medida en que formaban parte del engranaje de Matrix, contribuían a sostenerlo. Es decir, todos los que habitaban dentro de Matrix, hacían que Matrix siguiera existiendo y siguiera creciendo. Matrix, a su vez, les proporcionaba un marco en el que poder vivir, sufrir y ser felices, dentro de los estrechos, o no tan estrechos, límites de una realidad no tan real creada por las máquinas.
Nuestro mundo está dominado por el sistema capitalista, el Sistema. Todos, generalizando, pues siempre hay excepciones, formamos parte, completa y absolutamente, de ese sistema. Lo alimentamos y sostenemos con nuestra participación, que se traduce en todas y cada una de nuestras acciones, y él a sus vez nos da sustento y nos permite un marco lo suficientemente soportable para la mayoría como para impedir que consensuemos su derribo y cambio por otro más acorde a nuestros intereses. Asimismo, el Sistema tiene una serie de agentes que velan por su supervivencia, más allá de las mareas y terremotos, y por mantener una cierta estabilidad, dentro de lo posible. En este marco, incluso las crisis cíclicas son buenas, dado que permiten una saludable regeneración, vital para la supervivencia de dicho sistema.
Los hay que, como Morpheo, se han vuelto conscientes de que el Sistema no es la realidad auténtica, sino sólo una pequeña parcela, irreal, dentro del mundo auténtico. Y luchan por sacar del sueño a las masas adormecidas e idiotizadas que conforman el sistema y se atienen a sus reglas. La tarea no es fácil. Una de las funciones esenciales del Sistema es mantener adormecida a la sociedad que le da sustento, el panem et circenses de los antiguos romanos, traducido en la actualidad por cosas tan peregrinas como el fútbol y el marujeo o los debates falsos que plantean muchos políticos a modo de cortina de humo, para evitar que pensemos en lo que mejor nos vendría pensar.
La gran mayoría de las personas no tienen, en ningún momento de sus existencias, la posibilidad de encontrarse ante el dilema de tomar la pastilla roja o la pastilla azul. Para los que asumen el reto, es complicado decirles desde dentro de este Matrix qué es lo que se van a encontrar ahí afuera. Desde luego, la seguridad va a ser mucho menor, la volatilidad y arbitrariedad serán, desde luego, moneda común. Una de las conquistas del Sistema es la construcción de una realidad estable, en la que el humano de la calle no tiene que preocuparse por absolutamente todo a cada momento.
Y hete aquí que de pronto el Sistema se convulsiona. Pues él mismo ha generado lo que, desde dentro amenaza con destruirlo. Una de sus múltiples herramientas, creada inicialmente para hacerlo más fuerte, para hacer que creciera más y más, se ha descontrolado, se ha escapado de las manos de los que creían tener el control sobre él. El Agente Smith ha dejado de estar bajo el control de Matrix, y ahora comienza a hacer estragos en el Sistema desde dentro.
Un banco tras otro, van cayendo, de los pequeños a los grandes, los rescates millonarios salvan a algunos, los imprescindibles, a costa del dinero de los esquilmados bolsillos de los contribuyentes, y de la fe de estos en el propio sistema. El gigante comienza, poco a poco, a aventurar hacia dónde podría llegar a llevarle la crisis, y se asusta. Si no actúa, el colapso puede ser total.
Es entonces cuando el Sistema capitalista, enemigo declarado del poder de los Estados, a los que considera injerencias externas en el natural funcionamiento del mercado, decide reinventarse para sobrevivir. Y para ello pacta con su adversario exterior, al igual que Matrix se alió con Neo. Sólo Neo puede entrar en Matrix y vencer al agente Smith, que se multiplica por doquier. Del mismo modo, sólo los gobiernos pueden salvar al capitalismo entrando en el mercado, como un elefante en una cacharrería, metiendo la mano bien hasta el fondo, rescatando bancos y aseguradoras, interviniendo, aprobando mega-créditos y paquetes de ayudas enormemente generosos, e incluso nacionalizando.
El Sistema, que va siempre dos pasos por delante de todos los demás, decide reinventarse, y echa mano de sus herramientas para sobrevivir. Los jefes de Estado se reúnen para refundar el capitalismo y sentar las bases de un nuevo orden, que será, seguramente, una nueva forma de capitalismo, aunque capitalismo al fin y a la postre. Al igual que en el final de Matrix Revolutions, el agente Smith es derrotado, con grandes pérdidas, y la paz vuelve a Matrix. Los habitantes de Zion, que aspiraban a la destrucción de Matrix, pactan con ésta y conservan su independencia, allá, lejos donde no pueden molestar con sus ideas panfletarias y alocadas. Y Matrix, que era el enemigo a batir, durante toda la trilogía, no sólo no es derrotada, sino que sale fortalecida con la ayuda de sus adversarios.
El Sistema ha sobrevivido. Pueden estar aliviados. En sus televisores, en prime time, de aquí a unos meses. Seguro.













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